quinta-feira, 2 de maio de 2013

Finalización... ¿lo estamos haciendo bien?


¿Es posible que entrenar la finalización sea algo más que simples ejercicios de tiro? ¿Cuándo, cómo, dónde y por qué debemos entrenarlo?


Antes de entrar en más detalles, quiero distinguir lo que, personalmente, entiendo por "finalización". Finalización es más que el tiro a portería. Finalizar esta intrínsecamente vinculado a los medios que ponemos a disposición del equipo y del juego para crear ocasiones de gol. Es decir, en qué condiciones llega la pelota al jugador para marcar gol; de qué lugar del terreno de juego proviene el balón; quién hizo el último pase; cuántos jugadores apoyan y llegan en el ataque; cuántos defensores tratan de impedir los remates, etc. Todo esto debe ser tomado en consideración para entender la dimensión y dificultad que una buena finalización supone. Es decir, atendiendo a la Teoría de la Complejidad.

Por mi experiencia, considero que es obligatorio entrenar la finalización durante el Morfociclo Patrón, pero, como indicaba al inicio, la forma en que la entrenamos (cuándo, dónde y por qué) es el aspecto básico en el que debemos hacer hincapié. La complejidad que implica marcar un gol (principal objetivo del juego) es tan extensa, que en multitud de ocasiones los partidos acaban sin goles, pero sí se han generado multitud de ocasiones y situaciones para haberlos logrado. Por lo tanto, tenemos que darle la importancia que se merece en la semana de entrenamientos, además de en nuestro Modelo de Juego.

Un aspecto en el que los entrenadores fallamos habitualmente, es en el modo de cómo promovemos la finalización a través de los ejercicios de entrenamiento. Cuando se observa la forma en que los entrenadores creamos un contexto en el que se esperan muchos goles, el camino que lleva a la parte de definición resulta, en ocasiones, totalmente incoherente con la idea que, posteriormente, tenemos pensada y queremos desarrollar en el partido. Por ejemplo, ¿con toda la inquietud emocional y excitación que siente un jugador cuando se prepara para marcar, estamos preparándole para ese momento a través del entrenamiento? ¿Es suficientemente realista hacer un pase largo a la banda, su posterior centro desde el extremo y la llegada de dos atacantes sin oposición frente al portero? Durante el partido, ¿Cuántas oportunidades vamos a tener durante el partido SIN oposición? ¿Cómo van a reaccionar psicológicamente nuestros delanteros en un contexto CON oposición?


Teniendo en cuenta el valor de la finalización, ¿cuándo deberíamos centrarnos en entrenarla? En primer lugar, creo que tenemos que entender que no hay días fijos para la práctica exclusiva de finalización. En una semana en particular, podría tener sentido entrenarlo en martes, y en la semana siguiente hacerlo en viernes. Como entrenadores, tenemos que tener conciencia y sensibilidad para entender en qué momento se encuentra el equipo, el delantero o el portero. Defiendo que los jugadores deben tener un período concreto durante el Morfociclo para dedicarse a la práctica de la finalización. Es un momento que los jugadores esperan para marcar goles, y lograr esa estabilidad emocional que el entrenamiento proporciona sin la presión que generan los partidos. Sin embargo, debemos crear en cada ejercicio multitud de situaciones para seguir trabajando esa finalización. Desde mi punto de vista, no debemos repetir el mismo ejercicio en un plazo corto de tiempo, a riesgo de crear jugadores mecanizados que luego les cueste adaptarse a diferentes situaciones y contextos que se generan durante un partido y que no sean capaces de solucionarlas de cara a gol, (eso es lo que nos enseñan los mejores delanteros: de cada oportunidad que tienen, ellos consiguen marcar, a veces de la manera más peculiar e inesperada).

Necesitamos también tener en cuenta el contexto (post- partido) en el que la finalización se realizará. Imaginemos que nuestro delantero falla una clara ocasión en el minuto 90 que nos hubiera dado la victoria en el partido. En esta situación, cuál será el mejor momento para practicar la finalización? Algunos delanteros se lamentan durante días de ocasiones falladas y siguen sin ver puerta durante los entrenamientos. Otros, en cambio, esperan con impaciencia la próxima oportunidad de marcar goles o practicar para marcarlos. A nivel profesional (Top), después de un partido los jugadores están agotados física y, sobre todo, mentalmente. Actualmente, empezamos a reflexionar si la fatiga mental no es más importante que la fatiga física sabiendo que una depende intrínsecamente de la otra...


Para continuar lendo, acede a: http://www.futbolparaentrenadores.com/articulos/colaboraciones/finalizacion-lo-estamos-haciendo-bien




quinta-feira, 17 de janeiro de 2013

Quando o mais simples leva-nos ao mais Complexo


Guardiola: "Intentaré hacer lo que he hecho en el Barça"




La página oficial de la FIFA recoge una entrevista con Josep Guardiola, próximo entrenador del Bayern de Múnich realizada el 7 de enero con motivo de la Gala de la FIFA, en la que sin desvelar cuál será su destino sí que admitía que su deseo era aplicar su idea futbolística en un nuevo club.
"El sistema del Barça, aunque la gente diga que es muy complicado, es tan simple como eso: tenemos el balón y a ver si nos lo quitan; nos lo pasamos lo más posible y a ver si hacemos el golY lo que intentaré hacer en el futuro es lo que he hecho cuando jugaba, lo que sentía, o como he hecho desde que empecé a entrenar hace cinco años: atacar lo mejor posible, coger el balón y que se la pasen los jugadores de la misma camiseta".
En Alemania insisten en que los dos principales objetivos del Bayern con el fichaje de Pep es conquistar de nuevo la Champions y poner las bases para clonar La Masia en Múnich. "Eso es lo que yo recibí de mis predecesores y lo que intenté transmitir cuando estuve. Por tanto, lo que es evidente es que cuando uno va a entrenar al sitio que sea tiene que transmitir aquello que siente", explicó.
17.01.2013 - Sport.es

quarta-feira, 9 de janeiro de 2013

Subconsciente e Aprendizagem

Why Our Brains Like Short-Term Goals


In her book, The Entrepreneurial Instinct: How Everyone Has the Innate Ability to Start a Successful Business, author Monica Mehta explores the role of brain chemistry in entrepreneurship. In this excerpt, she details goal setting.
Achieving your goals isn’t just about hard work and discipline. It’s about physiology. By understanding how the brain processes success and failure, you can jump-start your productivity to create a winning streak and put an end to failed New Year's resolutions.
The more times you succeed at something, the longer your brain stores the information that allowed you to do so well in the first place. That’s because with each success, our brain releases a chemical called dopamine. When dopamine flows into the brain's reward pathway (the part responsible for pleasure, learning and motivation), we not only feel greater concentration but are inspired to re-experience the activity that caused the chemical release in the first place.
This is why the cultivation of small wins can propel you to bigger success, and you should focus on setting just a few small achievable goals. While your ambitions can remain grand, setting the bar too high with goals can actually be counterproductive. Each time we fail, the brain is drained of dopamine making it not only hard to concentrate but also difficult to learn from what went wrong.

Why We Learn More From Success Than Failure
Ever find yourself destined to repeat the same mistakes over and over again? According to a study completed by researchers at MIT’s Picower Institute for Learning and Memory, that is exactly how our brains are wired to work. Their findings determined that our brain cells only learn from experience when we do things right and failure doesn’t register the same way.
In the experiment, monkeys viewed two images on a computer screen, one that presented a reward if the subject reacted by looking right, another when it looked left. The study showed that the brain response when a monkey received an award for looking the right way improved its chances of performing well on the next trial.
The study makes important discoveries not only about the way we learn but the brain’s neural plasticity or ability to change in response to experiences. When behavior is successful our cells become finely tuned to what the animal was learning at the time while a failure shows little change in the brain or improvement in the monkey’s behavior.

Set Goals Your Brain Likes
Collecting wins, no matter how small, can chemically wire you to move mountains by causing a repeated release of dopamine. But to get going you have to land those first few successes. The key to creating your own cycle of productivity is to set a grand vision and work your way there with a few, achievable goals that increase your likelihood of experiencing a positive outcome.
“Your vision is your destination, and small, manageable goals are the motor that will get you there,” says Dr. Frank Murtha, a New York-based counseling psychologist with a focus on investor psychology, behavioral finance and financial risk taking. “Without the vision you’re on a road to nowhere. Without the goals, you have a destination but no motor. They work in tandem, and you need both.”
Create a Road Map for Your Subconscious Mind
Kick off goal setting by preparing a short vision statement of where you want to go. “Vision creates a picture for the subconscious mind. Our subconscious is what makes us such good problem solvers compared to a computer,” says Dr. Richard Peterson, a psychiatrist and neuroeconomics researcher who has written two books on financial risk taking. “We can see 1,000 dimensions of a problem and sort it down to the most important very quickly.”
The subconscious is not only responsible for 90 percent of the decisions we make in day-to-day life, but is also the part of the brain that is largely in charge when we are performing creative tasks or charting unknown territory. The very act of giving your emotional brain a detailed portrait of your end goal also ensures that, even inadvertently, you will take the steps needed to steer yourself toward it.
Articulate your vision with words and a picture or two; the more detailed the better. Post this where you can see it regularly.


Work Your Way There With Short-Term Goals
To rack up those first few wins, you’ve got to set only a few short-term goals at a time. Each should ideally take no more than three months to achieve. The goals should be realistic and specific, and incorporate your strengths. Writing them down, ideally in a place where you will see them every day, will help you stay focused.
If success releases the production of dopamine, failure can do the opposite. Setting over-reaching goals, or too many goals at once, can be counterproductive for those seeking to harness the power of the brain’s reward center. If you set four goals and achieve only two of them, it’s human nature to focus on what went wrong; even the successes you were able to accomplish fail to drum out what you weren’t able to achieve.
Remember, success begets success.



segunda-feira, 7 de janeiro de 2013

Treinar e Jogar...Como, Porquê e Para quê?!

Kevin Vidaña
El entrenamiento no existe, es un invento. Dime qué se puede entrenar que no se pueda jugar. Ocurre que los entrenadores de fútbol nos hemos convertido en especialistas de lo inexistente, prestigiamos nuestra labor porque nadie soporta ser prescindible ni tampoco ser evidenciado por no respetar la mentira repetida, o la verdad creada. Dividimos lo indivisible, controlamos lo incontrolable, nombramos lo innombrable y en ese ejercicio de vanidad nos alejamos de la esencia: los jugadores. Jorge Valdano dijo que los buenos estaban en peligro de extinción, que jugar bien acabaría siendo motivo de mofa, y no le falta razón.
Obviamos que los protagonistas juegan per se y son la táctica entre sí. Infravaloramos sus capacidades en favor de nuestra vanidad y nuestros miedos, cuando son ellos los únicos que saben de fútbol aunque no sepan que saben. Tuve un jugador que no sabía ni su nombre, ni atarse los cordones; si le hubieran sacado tarjeta se la hubiera cogido al árbitro en agradecimiento. Pero en su primer partido recibió el balón, regateó a cuatro rivales, hizo una pared con uno de sus compañeros para enfrentarse al portero, dentro del área pequeña amagó hacia la derecha para irse por la izquierda e hizo el único gol del partido. No lo celebró porque no sabía que los goles se celebraban.
El destrozo futbolístico acontece cuando nos ocupamos de grabar esa acción, analizarla, re-analizarla, volver a analizarla, para luego atrevernos a corregir el gesto de carrera o el momento de aceleración, como el que enseña a respirar y luego se atribuye la supervivencia del aprendiz. Hacemos pensar a los jugadores como nosotros queremos que piensen y no como les pertenece hacerlo, siendo el objetivo final la colonización y el adiestramiento. Dos palabras muy alejadas del juego.

Pedro Gómez
El entrenamiento sí existe, pero nos ocurre que al disfrazarlo de demagogia acaba por despistarnos. Pretendiendo subrayar nuestro buen hacer, otorgamos toda nuestra atención al método, nos comparamos con el resto de profesores reprochándoles sistemáticamente y castigamos al jugador de rodillas contra la pared por no cesar de alzar la voz y el brazo para pedir turno. ¿Cómo podemos dormir tranquilos? Llenamos nuestra conversaciones de afirmaciones y argumentos fundados en creencias partidistas y casi nunca centradas en el potencial innato de nuestro contexto humano. Ansiamos protagonismo cuando no molestar debería ser nuestro único objetivo, y así nos pasa: convencidos de que nuestra irrebatible llama diaria activa la reacción futbolística se nos ciega la perspectiva ante la obviedad; somos meros catalizadores de algo que ya existe, que ya está en marcha.
¡El entrenamiento claro que existe! Pero tenemos la mala costumbre de maquillarlo para luego prohibirle salir de la madriguera de nuestra certeza, ¡no vaya a ser que alguien nos robe a la chica! Solo cuando renunciemos a estos celos y envidias tendremos el valor suficiente para desposeerle de esta superficialidad y descubrir la verdadera esencia de este proceso, que no es otra que el propio juego. Él será el verdadero maestro, él será quien sepa atender las necesidades de cada alumno. ¿Nuestra labor? Garantizar que el aula esté en orden, animar a ciertos alumnos a que se sienten con quienes más y mejor les puedan ayudar, estimular la pasión del discente. Más analítico, más integrado, más táctico, más contextualizado… Bla bla bla… reconocer y potenciar asociaciones, principio y fin de nuestra labor, y el que quiera salir en la foto, que le hubiese pegado mejor al balón.
Leví Cantero
No es que el entrenamiento exista o no: surge o aparece solo cuando emerge el conocimiento entre los distintos componentes del colectivo, pero esto solamente surgirá a través de las interacciones obtenidas a través del juego. En la actualidad resulta que en esta incesante necesidad precoz para que te cataloguen como buen entrenador parece que se necesitan preparadores físicos, psicólogos, ojeadores, entrenadores de porteros, y ya al final, y digo solo al final, que los jugadores realicen en el campo lo que el entrenador quisiera hacer él.
Si no tienes modelo de juego no tienes ni idea; si prescindes de preparadores físicos, es que no sirves para esto. Como bien decía Kevin, aquí lo medible es lo concreto y aquello inmedible lo hacemos evidente compartiendo una mentira común. Necesitamos, ante la hambruna actual de alimentar nuestro ego por encima de todo para convertirnos en entrenadores precoces, querer tener respuesta para todo, y es ahí donde empieza el problema.
No queremos darnos cuenta que nunca hay dos jugadas iguales, que cada jugada ha de convertirse en una sorpresa para el adversario. Lo importante es hacer con la pelota lo que se sabe, lo más simple, cuando no se ha nacido para hacer con ella lo que la naturaleza da a unos pocos, pero esto solo se consigue como antes he dicho a través del entrenamiento del conocimiento. La convivencia social y futbolística impone grandes demandas intelectuales que hay reconocer a los miembros del colectivo, respetar las jerarquías, sacar provecho de la situación, mentir, hacer coaliciones, conocer las intenciones de los demás, anticipar sucesos, procesar diferentes órdenes de intencionalidad.
Y siguiendo con la gran reflexión de Pedro, nuestra labor es respetar la asignatura que se dé en el aula a través del conocimiento obtenido en la misma. No es que el aula esté en orden, sino en un orden conocido por todos en ese momento, ya que habrá asignaturas (situaciones globales del juego) en la que algunos se sientan más libres, mas cómodos, sepan de quién se tiene que copiar para sacar mejores notas o a quién hay que pedirle los apuntes. ¿De qué depende esto? De que cada uno se conozca en clase. Nuestra labor, en todo caso, es interaccionar en ese conocimiento con ellos para convertirnos en el profesor con el que se sientan felices.
Kevin Vidaña
Edgar Morín dice que la complejidad no es una palabra-solución, sino una palabra-problema. No es como la religión, que te consuela y mantiene inconsciente de realidad, sino todo lo contrario. El pensamiento complejo te hace ver lo ignorante que eres, lo oscurantistas que eran, son y serán tus creencias. Y el fútbol es pura complejidad, mientras que el entrenador es opinión solamente.
Somos humanos, por lo que la neutralidad no existe, ni la objetividad. No se pueden afrontar problemas con una mente carente de prejuicios, por lo que estamos obligados a equivocarnos; en eso consiste vivir. El entrenador transforma la realidad de manera inevitable, forma parte del todo que transforma y le transforma. Como dijo Lillo, no tener ideas es una idea en sí misma.
Sobre entrenamiento, la interacción por repetición no produce mejora, no hace falta conocer a la persona para congeniar con ella. El conocimiento conlleva error e ilusión; me atrevería a decir que no existe, pero será que no lo entiendo. Lo que creo es que debería ser siempre inédito. Cuando Óscar Cano dice que los equipos entrenan de domingo a domingo, ¿por qué no? Cualquier tipo de reiteración conduce a la previsibilidad, antónimo de fútbol bien jugado.
Dice Vítor Frade que nadie necesita lo que desconoce, que nos hemos hecho dependientes de lo que no existe, ¡porque es lo único que sabemos! Si la mayoría de personas en el mundo cree en Dios, si los jugadores se han creído las mentiras y las barbaridades que se han contado durante años, tenemos dos caminos: darle pasto a las ovejas o atrevernos a colonizarlas. Resulta paradójico, colonizar para liberar…
¿Quién soy yo para hacer ver a los creyentes que Dios no existe? Nadie, aunque considere que nos dirigimos hacia un fútbol idiotizado.
Para mí, uno de los objetivos sanos y fundamentales del entrenador consiste en mantener vivo el deseo de jugar. “Vivo con la ilusión de vivir con la ilusión de…”. También encontrar ese equilibrio entre jugar e impedir jugar. Lo primero surge por la inspiración de los jugadores; lo segundo me gustaría creer que también nace de ellos o que puede hacerlo, que existe el talento defensivo.
Pedro Gómez
¿Dónde acaba y dónde empieza nuestra labor? ¿Cuánta influencia tenemos en nuestros jugadores? ¿Cómo podemos atrevernos a asegurar que hemos hecho mejor a uno de nuestros jugadores? ¿No era ya Messi el mejor jugador alevín de toda Argentina cuando el F. C. Barcelona lo fichó? ¿Al jugador lo hace mejor su contexto, sus asociaciones o nuestros entrenamientos?
Convivir con la complejidad del ser humano nos empuja hacia el abismo del desconocimiento y la duda constante, mientras que prohibirle a esta la entrada a nuestro hogar nos facilita el conquistar de afirmaciones los dormitorios vacíos que previamente había reservado la incertidumbre.
Asfixiado por el entorno, intento sortear al torbellino de la dialéctica al que aludía Panzeri y me suelo cuestionar: si la teoría sin práctica es una incongruencia y la práctica sin teoría una aberración, ¿por qué la gran mayoría de entrenamientos se conforman de tareas muy similares? ¿Por qué no existe una verdadera correlación entre lo que pregonamos delante de la cámara que es mejor para nuestro equipo y los entrenamientos universales que obligamos engullir a nuestros jugadores? ¿Por qué si todos elegimos ejercicios de posesión muy parecidos nuestros equipos no se desenvuelven de igual modo durante el día de partido?
La respuesta se acerca, pero nosotros, egoístas e infieles con la evolución, atemorizados e inquietos, continuamos protegiéndonos con la mentira instaurada, como el niño que descubrió a sus padres junto al árbol de Navidad la madrugada del 6 de enero pero que sigue escribiendo año tras año la misma carta a los Reyes Magos, no vaya a ser que se abra el pastel y se acabe el chollo; no vaya a ser que descubramos que nuestra labor, más que enseñar a jugar, consista en molestar lo menos posible y permitir que aflore lo innato, instintivo, facilitando y no generando, potenciando y no limitando, desde el segundo plano que realmente nos corresponde y no desde la divinidad protagonista que nos encanta recordar tan solo cuando vienen bien dadas.
Leví Cantero
Pero es que el talento no es ofensivo ni defensivo, no podemos esperar a que surja cuando queramos. ¡Por eso es talento! Aparece para quedarse en el momento y lugar que nunca podamos esperar. Claro que existe el talento sin divisiones algunas, pero es que nosotros, al carecer de él, no lo apreciamos. El problema surge cuando en nuestro afán de grandes ególatras queremos entrenarlo, pero para convencer de que esto es posible ya hay infinidad de materiales, libros, webs, etc., con interminables “soluciones comunes para cualquier colectivo. Si no, también podemos buscar “principios y subprincipios en las fases del juego” de grandes ¿entrenadores? publicados para adaptar o simplemente copiar para cualquier equipo que se preste, pero esto a mí no me pertenece.
Retomando el tema del talento, dándome igual ofensivo que defensivo como he mencionado antes, en todas sus vertientes se da de igual forma ¡con buenos jugadores!
Lorca necesitaba a Alberti y el de Cádiz al granadino para que el talento fluyera en ayuda de ambos. Góngora añoraba a Quevedo para que esa incomplementacion entre ellos hiciese que se necesitasen como los más fieles amantes. Y de igual forma, Piqué sin Puyol no son ni Piqué ni Puyol. Si les preguntásemos a ellos por separado nos dirían que juegan bien con cualquiera, y es verdad, pero sin quererlo, al aparecer alineados en la posición que comparten, el talento defensivo es impregnado a todos sus colindantes… y volvemos a lo de siempre: si le sumamos a estos dos la figura del pivote ¿defensivo?, Busquets, y así unimos seres por todos conocidos, el talento es absorbido y creado desde la nada para ser expuesto por estos poetas de la generación Barça.
El problema surge cuando desde el desconocimiento más absoluto queremos conocer y transmitir que ese talento es nuestro (de los entrenadores), cuando de nuestras bocas escupimos expresiones como “…debemos ser un buen bloque defensivo…”, “…lo importante es que estemos juntos y ordenados…”,”…somos un equipo trabajado…”, “…¡rómpelaaaa!…” y demás sandeces que todos hemos dicho siempre.
Al igual que Dios escribió los 10 mandamientos en las tablas sagradas, creo que se tuvo que producir el mismo cuento en su día grabando a fuego una serie de mandamientos universales en lo que a forma de ver y entrenar se refiere. Y así, subordinado a la tabla de mandamientos y en versión 2.0, nos ha llegado la PT portuguesa. Sí, la periodización táctica, una idea tan innovadora que aquellos que la crearon aún buscan explicar qué es, pero con la obligación a todos sus fieles seguidores de la creación de un prestigioso modelo de juego, común o distinto da igual, pero que son tal mecanismo súper servible hará que seas un gran entrenador por encima de todo y todos. La planificación pitonísica más absoluta te llevará al éxito y cuanto más de tus subprincipios tenga tu equipo en cada fase del juego, mayor será tu auto-prestigio y más sabrás de fútbol. ¿Y los jugadores? Da igual, harán lo que tú les ordenes, por eso eres el entrenador.
Y ante todo esto, al jugador que aprisionamos por el miedo de no obedecer nuestras directrices o consignas lo colocamos en la difícil tesitura de decidir si jugar como mandamos en tales directrices o en la de no jugar como su instinto lo impulsa. Pero por suerte para nosotros, los no adictos, aparece la figura de Özil. Los fieles feligreses de la periodización táctica tienen que decir que “…le falta intensidad en fase defensiva…”. Y cuando el alemán nos alegra la vista personificando toda la imaginación posible con un regalo para el espectador en forma de pase derivado de su yo innato, los grandes adeptos siguen diciendo que “…Mourinho está enseñando a ser mejor futbolista a Özil…”.
Y entonces…¿Qué entrenamos? Pues creo que conocimiento, pero no desde una perspectiva primaria, ni secundaria. ¡Sin perspectiva! Simplemente haciendo ver qué es lo que tenemos y qué es lo mejor en ese momento sobre los jugadores en cuestión en el instante compartido. Y esto pienso que no se consigue de otra forma que no sea jugando al fútbol y, repito, jugando. Y liberando al jugador en todo aquello que espontáneamente quiera hacer o el momento del juego en que se encuentre le lleve a intentarlo.
Yo no puedo cultivar tulipanes en Granada aunque piense que sepa, porque no es el entorno para obtener la flor holandesa, pues de igual forma no queramos cultivar el mismo jugador en todos los diferentes equipos donde estemos.
Hagamos ver el terreno, las características del mismo y en función apostemos por la flor idónea en ese instante
Kevin Vidaña
En definitiva, entrenar/jugar debería ser la capacidad de adquirir capacidad.
Hay excesivo interés en saber cómo son las sesiones con las que trabajo y no hay fuegos artificiales ni atracciones, nada especial. La opción pertenece a los futbolistas, hay que escucharlos. El valor del entrenador está en su grado de vanidad o de sordera.
El método acaba siendo una elección entre inteligencia natural o inteligencia artificial. La segunda es dirigida, por lo que no puede ser inteligencia pero, desgraciadamente, ambas ofrecen resultados deportivos similares –aunque consecuencias distintas, invisibles pero trascendentes para el futuro de este juego–.
Carthy acuñó el término de inteligencia artificial en 1956, definiéndola así: “Es la ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes, o la capacidad de razonar de un agente no vivo”. Tratamos a humanos como robots para pretender humanizarlos.
Mientras que la inteligencia como tal es una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia. Más bien, el concepto se refiere a la capacidad de comprender el entorno, el que pertenece exclusivamente al individuo en cuestión.


http://www.martiperarnau.com/tactica/conversaciones-sin-trampa/

sábado, 5 de janeiro de 2013

A Especificidade da Dimensão Física

"Durante un partido, los jugadores del Barça se dividen en dos categorías: los del desgaste y los de las decisiones. [Nota: esta es una división ficticia creada por el autor, sin más objetivo que escribir el presente artículo. En realidad, los futbolistas del Barça podrían subdividirse en otras muchas categorías] Por lo general, los jugadores del desgaste van por fuera y los de las decisiones, por dentro. En esa forma de jugar tan peculiar que tiene el equipo de Tito, la misma que tenía con Pep, se hace imprescindible trabajar mucho por los costados para que el interior quede lo más despejado posible. Así, no debe inscribirse en la casualidad la caída del rendimiento -o las lesiones sufridas- que el pasado curso afectó a gente como Pedro, Villa o Alves, tres de los más exigidos en años anteriores.
En el caso de los atacantes, cuya misión ya ha quedado claramente delimitada como “barrenderos” de Messi, encargados de limpiar todo el frente ofensivo para que la segunda línea enfrente menos obstáculos, dicho desgaste acaba desembocando en un período útil de juego de 70 minutos por partido. La intensidad que esta forma de jugar exige a Pedro o Alexis no permite ir mucho más allá en el tiempo. El trabajo que se les pide genera otra característica: terminan siendo jugadores que van de más a menos a lo largo del partido porque la acumulación de esfuerzos explosivos acaba mermando seriamente sus condiciones.
En la categoría opuesta están los jugadores de las decisiones, que son los que circulan por dentro. No es ocioso comprobar que el rendimiento de Iniesta mejora exponencialmente a medida que transcurre el encuentro. De menos a más: por metodología propia, buscando primero sondear al rival y acabando por ajusticiarlo cuando ya conoce bien sus flaquezas; y también porque el desgaste de hombres como Alexis y Pedro genera a su vez un desgaste similar en las defensas rivales… con la diferencia de que a dichos rivales no se les sustituye. En ese punto, gente como Iniesta se da un festín. Y Messi aún más. Nadie como Leo en cuanto a comprensión de los momentos para aniquilar al rival. Si analizamos sus primeros 20 minutos de cada partido y sus últimos 20 minutos contemplaremos dos futbolistas distintos. El primero camina, trota, sondea el terreno y observa. Sus colegas del desgaste están machacando a carreras a los rivales. En el último tramo de los encuentros vemos a un Messi eléctrico, febril, omnipresente incluso si toca defender. Los del desgaste ya han hecho su trabajo y ahora es momento de que Messi y sus colegas de dentro recojan la cosecha.
Por descontado, ningún partido es igual a otro y ningún jugador se comporta igual en dos momentos similares. Pero las pautas del equipo de Tito se repiten una y otra vez. Los de fuera desgastan, exigen y machacan a los contrarios; los de dentro esperan agazapados que llegue el momento de las decisiones: toman el pulso, mecen la cuna y preparan el aguijón. Y llega Messi."

Marti Perarnau - 25/12/2012




domingo, 2 de dezembro de 2012

Messi...2013

Temporada 2011-12. "No sé qué fue mal al temporada pasada, pero nos servirá para que no vuelva a pasar y para que debamos tener hambre de más siempre".

Motivación. “Nunca pienso en parar, siempre quiero entrenar y trabajar, y buscar más sueños que cumplir".

Iniesta y Xavi. "Tienen mucho en común. Andrés actúa más veces cerca de la portería, pero por lo demás son muy similares. Cuando los dos están ahí y tenemos el balón el contrario lo tiene muy complicado".

Cesc. "Nos entendemos bien, siempre sabemos lo que queremos. Es fácil jugar con él. Los dos entendemos el juego que el Barça quiere jugar".

El fútbol del Barça. "Aquí, en la cantera del Barcelona, aprendí mucho. En el Barcelona se trabaja de otra manera que en el resto del mundo, en el control de balón y en el pase y también en la ejecución del sistema táctico. Yo venía de Argentina, donde hacía lo que quería; era sobre todo correr y poco más".

Críticas. "Los agradezco y me gustan, pero yo soy mi crítico más duro. Yo sé cuando no lo he hecho bien o de forma equivocada. En el fondo no necesito que nadie me lo diga, pero aprendo de todo lo que se dice, todo contribuye para que intente mejorar".

Acusaciones. "¿Yo un pequeño dictador? No me importa lo que se diga, mis compañeros saben que yo no soy así, ellos saben como soy en realidad".


as.com 2/12/12

quarta-feira, 14 de novembro de 2012

Juego de Posiciones

"El Barça fue el mismo. Como en el Calderón, combinación como equipo en cuentagotas. Otra vez mucha conducción. Otra vez multitud de balones perdidos. En el fútbol la máxima calidad es jugar a un toque. Dos ya puede ser excesivo. Cuando superas esta cifra y vas por libre, adiós al juego de posición y al ritmo de balón. Directamente dejas de sorprender, te cierras tú mismo los espacios y todo se hace más lento y previsible. Y fueron muchos los que volvieron a ir por libre, hipotecando las virtudes de todo el equipo." - Johan Cruyff, Janeiro 2010.